...porque la Tierra está llena de
violencia, haz para ti un arca de
madera de árbol resinoso.
Génesis 6: 13,14
El Arca del Nuevo Siglo / Una publicación de La Caja de Ahorro y Seguro S.A.
 


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Un proyecto editorial único

No todas las ediciones son buenas

Irene Chikiar Bauer / Escritora y periodista

Cada libro nos aporta una información y cada edición también posee una calidad determinada. Las llamadas “ediciones críticas” son las que replantean versiones anteriores, depuran erratas o las mejoran. Mientras que las “académicas” se producen cuando un editor erudito trabaja sobre un texto original o ediciones precedentes. En esta nota, las opiniones de la escritora e investigadora María Rosa Lojo.

 

¿Qué diferencia una edición cuidada de una de mala calidad? ¿Saben los lectores que pueden distinguir entre ellas? ¿En qué consiste una edición académica? ¿Y una edición crítico-genética? Para que nos oriente en estas cuestiones nos reunimos con María Rosa Lojo, escritora, investigadora principal del Conicet, docente de la Universidad del Salvador y directora de la colección Ediciones Académicas de Literatura Argentina, recientemente lanzada por Corregidor.
—¿Porqué es importante, a la hora de comprar un libro o consultarlo en una biblioteca, decidirse por una edición y no por otra?
—Hay dos cosas que deben tenerse en cuenta: qué información nos aporta sobre el libro editado y su contexto, y qué calidad tiene su versión del texto. Las ediciones críticas se llaman así justamente porque “critican” otras precedentes de la misma obra, que son cotejadas e interrogadas.
María Rosa Lojo dirige la colección de Ediciones Académicas de Literatura que realiza la editorial Corregidor.

Así se pueden depurar erratas que han “transmigrado” de edición en edición, se distinguen esos errores de correcciones intencionales y se proponen hipótesis sobre las razones de los cambios.
—¿En qué consiste una edición académica? ¿Y una edición crítico-genética?
—Académica es toda edición erudita que proporciona un plus de conocimiento sobre el texto, con las herramientas de la filología y la enciclopedia cultural. Hablamos de edición crítica cuando el editor erudito ha realizado un cotejo de varias ediciones, o, si no las hay, cuando trabaja sobre la edición original. Se considera crítico-genética cuando además se ha podido seguir el proceso creativo, a través de los manuscritos (hoy, tipeados en PC) previos a la imprenta, en diferentes etapas redaccionales o prerredaccionales, consultando incluso los diagramas, apuntes y materiales de archivo, o cualquier otro antecedente. Para la crítica genética, de algún modo, sólo hay borradores. En un momento dado, el autor/a decide publicar una de las versiones, pero puede seguir corrigiéndola (como ocurre a menudo) en ediciones sucesivas. Por eso el concepto de “texto definitivo” es siempre provisorio, al menos hasta la muerte del autor.
—¿Cómo surgió la idea y cuáles son las características de las Ediciones Académicas de Literatura Argentina editadas por Corregidor bajo tu dirección?
—Yo ya había dirigido y publicado ediciones críticas de literatura argentina en el exterior (en la colección Archivos, en Iberoamericana/Vervuert), cuando un colega cordobés, Jorge Bracamonte (CONICET-UNC), me hizo pensar en la posibilidad de hacerlo en el país, con amplia llegada a los lectores locales. Así nos convertimos en directora general y codirector de esta colección flamante que Corregidor aceptó publicar.
Se trata de ediciones con un estudio crítico, o crítico-genético, minuciosamente anotadas (con muchas “ventanas” para hablar en lenguaje cibernético, que nos remiten a múltiples registros). Tienen una completa bibliografía y anexos: iconografía, mapas, documentos tales como cartas inéditas, notas y dibujos de autor, etc. EALA contempla la edición de tres tipos de obras: las canónicas que aún no cuentan con ediciones críticas, o que las tienen pero pueden ser mejoradas; las que han quedado al margen del canon pero podrían integrarlo con fundadas razones y también los rescates de textos varios que constituyen una parte importante de la cadena documental, cultural y literaria y que poseen verdadero interés sociohistórico.
—¿Existen antecedentes, en la Argentina, de editoriales que hayan apostado a este tipo de ediciones?
—No hay antecedentes de una editorial con una colección consagrada a la edición crítica de la literatura nacional. Pero sí un valioso y pionero proyecto de investigación: ECTLA (Edición y Crítica Textual de Literatura Argentina), dirigido por Beatriz Curia (investigadora principal del CONICET) y focalizado en el siglo XIX, que ha publicado, con distintos sellos, obras desconocidas de José Mármol, Miguel Cané y Mercedes Rosas de Rivera, entre otras, y sigue trabajando en ese camino.

En un momento dado, el autor/a decide publicar una de las versiones, pero puede seguir corrigiéndola (como ocurre a menudo) en ediciones sucesivas. Por eso el concepto de"texto definitivo" es siempre provisorio.


—Comencemos por el primero de los libros que ustedes han publicado: Cuentos de Eduarda (Mansilla).
—Es una edición crítica de Hebe Molina (CONICET- UnCuyo) dentro del Proyecto de Investigación Plurianual del CONICET 5878, del que fui directora. Los Cuentos de Eduarda, publicados en 1880 y nunca reeditados antes, son el primer libro de literatura infantil en nuestro país, de rasgos originales, como lo muestra Molina, respecto a los modelos europeos vigentes.
La autora recrea situaciones cotidianas desde la mirada de los niños, los animales domésticos o en cautiverio, incluso los objetos, que cobran vida. No son cuentos maravillosos, pero sí muy imaginativos. Aunque se destinan al público infantil, abundan en las citas y alusiones culturales que caracterizan la prosa de esta autora ilustrada (la más ilustrada de nuestro siglo XIX, la llama Molina) como una marca de fábrica. Y no están exentos de dramatismo e incluso de tragedia. Sarmiento celebró su aparición con entusiasmo, pero fueron inmerecidamente olvidados y eran, hasta el momento, inaccesibles.
—El libro de su hermano Lucio es un hallazgo, porque se trata de un manuscrito inédito…
—Sí, son los apuntes que tomó en su viaje al Oriente lejano cuando tenía 18 años (llegó hasta la India) y que lo convierten en el primer literato argentino en escribir sobre esta región. Trabajaron bajo mi dirección en esta edición crítica (que ilumina la génesis de toda la obra de Mansilla) Marina Guidotti, Laura Pérez Gras (ambas de la USAL) y Victoria Cohen Imach (CONICET- UNT), dentro del proyecto de investigación que ya mencioné antes.
El Diario estaba, literalmente, en un desván (el de la casa materna de Luis Bollaert, descendiente directo de Lucio), y se creía perdido. Está compuesto por dos cuadernos: uno apaisado, borrador, más extenso, y uno vertical donde él empieza a pasar esos apuntes para que los lea su padre, que lo había mandado a ese viaje increíble para alejarlo de amores y lecturas inconvenientes. Pero no llega lejos en la puesta en limpio y el borrador tampoco da cuenta de todo el periplo, que termina en Londres, aunque él sólo alcanza a referirse a Florencia.
Lucio V. siempre se quejó de haber sido lanzado a las antípodas sin contar experiencia ni conocimientos para aquilatar verdaderamente lo visto y vivido. Sin embargo, la frescura de su mirada garantizó un impacto perdurable. No sólo volvió siempre a escribirlo (publicamos junto con el Diario dos crónicas posteriores y nos referimos a las varias causeries que tocan el tema), sino que no pudo ver ya el mundo de la misma manera. Arrancado de su centro, él ocupa el lugar del “otro”, del “salvaje”, del exótico y periférico, para los ingleses y franceses que representan el poder imperial de su tiempo. Y también es el testigo irónico de la explotación colonialista a la que son sometidos los indios de la India. Lo cual seguramente influye en su peculiar y comprensiva mirada posterior sobre los indios ranqueles, en su propio país.
—Este año presentaron la edición del Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal, en la que incluyeron la dedicatoria a sus amigos martinfierristas, que él eliminó en la edición de 1966.
—A cargo de Javier de Navascués (Universidad de Navarra), esta edición crítico-genética cuenta por primera vez con la totalidad de los manuscritos y del material prerredaccional existentes, además de cotejar las diversas ediciones publicadas, en vida del autor y posteriormente.
Adán Buenosayres (1948) tardó más de una década en ser rescatado del “ninguneo” al que lo sometió la mayor parte de su propia generación, por razones políticas y, también, por la dispar evolución estética de sus miembros. De esa mala reacción da cuenta el significativo cambio de la dedicatoria.

Los Cuentos de Eduarda, publicados en 1880 y nunca reeditados antes, son el primer libro de literatura infantil en nuestro país, de rasgos originales, respecto a los modelos europeos vigentes.


Aunque ya instalada hace tiempo en el canon, ésta es su primera edición crítica publicada en la Argentina. Los aportes eruditos permiten desentrañar numerosos puntos oscuros en un texto complejísimo que no sólo es una biografía de la vanguardia de los años 20, sino un mapa de la cultura occidental en sus fundamentos clásicos y metafísicos. También se señalan en ella todos los comentarios manuscritos del autor que proporcionan información suplementaria, como los nombres reales de muchos personajes que pasaron “en clave” al Infierno de Schultze, y el de otros que se salvaron de ser incluidos…
—¿Cuáles son los próximos libros a editar? ¿Por qué los eligieron?
—Del siglo XIX están por salir Creaciones (a cargo de Jimena Néspolo, CONICET) y Escritos periodísticos (a cargo de Marina Guidotti), ambos de Eduarda Mansilla. Del siglo XX, Los juegos peligrosos, de Olga Orozco, a cargo de María Elena Legaz (UNC). Eduarda es una escritora central del siglo XIX, pionera en varios géneros: un valor a redescubrir, y Orozco, una gran poeta contemporánea que no cuenta aún con ediciones de esta clase. Tenemos en lista muchos otros: de Lugones a Piglia, de Vicente Fidel López y Alejandro Baldez de Rozas a Macedonio Fernández, de Daniel Moyano a Oliverio Girondo.