...porque la Tierra está llena de
violencia, haz para ti un arca de
madera de árbol resinoso.
Génesis 6: 13,14
El Arca del Nuevo Siglo / Una publicación de La Caja de Ahorro y Seguro S.A.
 


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El barco pirata estacionó frente a mi casa. Los marineros engancharon el ancla en el árbol del vecino y se apostaron a lo largo de la calle mirando hacia adelante con cara de desalmados. Al rato bajó el capitán y golpeó a mi puerta; le abrí, él entró sin ningún tipo de preámbulos y se acomodó en el bar destrozado que me quedó de un fallido cuento de vaqueros. “Usted es escritor, ¿no?”, me interpeló en un idioma desconocido; por suerte los dos manejábamos el mismo código literario. “Sí; así es”, respondí. “Bien”, dijo, “necesitamos alguien con mucha imaginación”. “Los críticos dicen que yo no tengo ni una pizca”, señalé. “Bien”, murmuró pensativo, “ése es un buen signo”. Hizo una pausa; tomó un vaso de whisky que había por ahí, y me miró. “Mi tripulación y yo tenemos un problema.

 

Cuento por encargo

Marcelo Damiani
Córdoba, Argentina, 1969. Egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. En 1995 publicó la novela Adiós, pequeña. Por sus cuentos fue galardonado con el Premio Fondo Nacional de las Artes en 1998.
No encontramos una buena aventura desde hace años. Nadie nos quiere dar lugar en sus historias; dicen que ya no servimos para nada porque estamos pasados de moda... Así que decidimos tener nuestro propio escritor.” Lo único que faltaba, pensé: piratas con problemas existenciales. “Mire”, le dije, “los relatos de aventura no son mi especialidad”. “Eso no nos importa”, masculló, “pónganos en el género que quiera”. Se puso de pie bruscamente, se dirigió a la puerta y agregó: “Le damos una semana. Y no intente traicionarnos. Los dos escritores que lo intentaron ya no pueden escribir más”. Y se fue.
Entonces, por las dudas, empecé a escribir este cuento.



 

Poco antes de la oración del huerto, un hombre tristísimo que había ido a ver a Jesús conversaba con Felipe, mientras concluía de orar el Maestro.
—¿Yo soy el resucitado de Naim? –dijo el hombre–. Antes de mi muerte, me regocijaba con el vino, holgaba con las mujeres, festejaba con mis amigos, prodigaba joyas y me recreaba en la música. Hijo único, la fortuna de mi madre viuda era mía tan sólo. Ahora nada de eso puedo, mi vida es un páramo. ¿A qué debo atribuirlo?
—Es que cuando el Maestro resucita a alguien asume todos sus pecados –respondió el apóstol–.

 

La dicha de vivir

Leopoldo Lugones
Córdoba, Argentina,1874; Buenos Aires,1938. Destacado escritor, poeta, ensayista, periodista y político. Generador de constantes polémicas, no tanto por su obra literaria, sino por su protagonismo político.
Es como si aquél volviese a nacer en la pureza del párvulo...
—Así lo creía y por eso vengo.
—¿Qué podrías pedirle, habiéndote devuelto la vida?
—Que me devuelva mis pecados –suspiró el hombre.