...porque la Tierra está llena de
violencia, haz para ti un arca de
madera de árbol resinoso.
Génesis 6: 13,14
El Arca del Nuevo Siglo / Una publicación de La Caja de Ahorro y Seguro S.A.
 


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REFLEXIÓN

Cristovam Buarque / Senador y profesor de la Universidad de Brasilia, fue ministro de Educación en 2003.
Ha dedicado su acción política a luchar por la alfabetización, la implementación de la reforma agraria, la mejora del sistema de salud y de las condiciones laborales en su país.

Siete pistas para el porvenir

 

El humanismo tal como surgió en el Renacimiento, de la fusión entre un pensamiento griego vivificado y la afirmación de la primacía del hombre en la Tierra, erigió al ser humano en ser distinto del resto de la naturaleza: un ser aparte y dominador. Esta visión no sólo prevaleció, sino que se vio reforzada por la omnipotencia del hombre y las transformaciones que éste operó en la naturaleza.
Sin embargo, a medida que ganaba terreno, ese humanismo se fue deshumanizando. La bomba atómica simboliza por sí sola el advenimiento de una civilización esquizofrénica: el hombre dominó a la naturaleza adoptando medios tecnológicos cada vez más potentes, pero se dejó esclavizar por esa misma tecnología, que ahora establece las reglas del juego social, degrada el medio ambiente y agrava las desigualdades.
El futuro incierto de nuestro planeta nos obliga a repensar el proyecto humanista, un proyecto que, en mi opinión, debería asentarse sobre siete pilares.

Promover una política mundial

Lo que fue la ciudad-Estado para los atenienses se convirtió en el Estado nación para las democracias modernas.
En efecto, la ciudadanía –esa invención de los antiguos griegos que definía el compromiso que los miembros de la ciudad contraían con ésta– se fue transformando paulatinamente en un compromiso hacia el país en su totalidad.
La crisis planetaria actual cuestiona nuestra responsabilidad como ciudadanos del planeta. En otras pala-bras, esa crisis exige un compromiso del individuo con respecto al porvenir de la humanidad y de la Tierra. El nuevo humanismo que preconizo debe reconocer la importancia de todos los seres humanos por igual y fomentar el sentimiento de solidaridad mundial.

Respetar la diversidad de las culturas

En el pasado, los seres humanos manifestaron desprecio hacia sus semejantes, como lo demuestran el exterminio de los pueblos indígenas de América, la trata de esclavos y todas las formas de racismo y xenofobia que delatan sentimientos de superioridad frente a otras culturas. Si queremos sentar las bases de un nuevo humanismo, debemos luchar contra el etnocentrismo y fomentar el desarrollo de una humanidad “acéntrica” y respetuosa de la diversidad cultural. Tenemos que resolver los conflictos entre las culturas y admitir que cada una de ellas constituye una riqueza en sí, cuya interacción es superior a la suma de las partes.

Proteger mejor el medio ambiente

Históricamente, el hombre ha tratado a la naturaleza con arrogancia e irres-ponsabilidad, negándole todo valor.
Esa actitud ha provocado el agotamiento de los recursos naturales y la alteración del equilibrio ecológico, a tal punto que el futuro mismo de la civilización se encuentra amenazado. En un planeta maltratado y acorralado, sólo generan valor la actividad humana y los precios del mercado: el valor del árbol se mide por la madera que produce; el de los animales, por la carne y el cuero que proveen.
El nuevo humanismo, por el que hago votos, deberá lograr que la civilización integre plenamente el principio del equilibrio ambiental. La producción económica no puede medirse únicamente en términos de bienes y servicios materiales o de PIB. Debe tener en cuenta el conjunto de los costos que generan los desechos que produce.

Garantizar la igualdad de oportunidades

Si el humanismo fue la base del sueño igualitario, el capitalismo ha exacerbado las desigualdades a un punto tal que la esperanza de vida de los individuos varía en función de su nivel de ingresos.
Por mi parte, sueño con un humanismo que garantice la igualdad de oportunidades y la movilidad social, que ponga límites ecológicos a un consumo que está agotando los recursos del medio ambiente y que proteja a los más desfavorecidos.

Potenciar una producción dominada por el hombre

La valoración del trabajo en detrimento de la tierra hizo del hombre un productor de valores y situó a los trabajadores en el centro del proceso de producción. Pero cuando el valor se transforma en precio fijado por las fuerzas ocultas del mercado –que se sustraen al control humano–, este progreso juega en contra del humanismo. Las explicaciones ocupan el lugar de la justicia, la demanda reemplaza a la voluntad y los deseos consumistas sustituyen a la satisfacción de las necesidades. Para construir un nuevo humanismo, hemos de reorientar la marcha de las naciones y de la humanidad hacia un proceso de producción ecológicamente equilibrado que asigne un valor a los bienes no co-mercializables.
El nuevo humanismo deberá también abolir la esclavitud que sigue sojuzgando al hombre cuando éste queda relegado al papel de mero engranaje en el proceso de producción.

Si en nuestros días el valor del árbol se mide por la madera que produce y el del animal, por la carne y el cuero que provee, si el valor se ha transformado en precio, ello se debe a que el proyecto humanista se ha desvirtuado con el transcurso de los siglos...

 

Integrar mediante la educación

En la era de la industrialización, el humanismo prometía un futuro de igualdad de ingresos a través de la economía. Según los defensores del capitalismo, el aumento de la producción y las leyes del mercado causarían un “efecto de derrame”, es decir, una redistribución de la riqueza de arriba hacia abajo de la pirámide social. Para el socialismo, en cambio, la redistribución debe ser garantizada por el Estado y las leyes de planificación.
Hoy, en la nueva economía del conocimiento y del capital humano, la clave del progreso económico y de la justicia social reside en una educación de calidad para todos. El desafío para el nuevo humanismo será proporcionar a cada niño una educación de calidad, sin atender a criterios de raza, riqueza o lugar de residencia. El “derrame” prometido por el capitalismo no vendrá ya del mercado, sino de un movimiento ascendente inducido por la educación.
A largo plazo, el objetivo de este proceso será la integración de todos los pueblos del mundo utilizando todas las técnicas disponibles dentro de una red global.

Afirmar la modernidad ética

La civilización industrial se caracteriza por la búsqueda insaciable de modernidad técnica y el uso de tecnologías en constante renovación. Ello trae aparejada una racionalidad económica que justifica los productos de la tecnología más avanzada y hace caso omiso de los objetivos sociales, relegando de esta manera los valores éticos.
El nuevo humanismo ha de erigir los valores éticos como piedra angular de los objetivos sociales y como base de una racionalidad económica que regirá todas las decisiones técnicas. Las técnicas deberán elegirse en función de normas éticas y estéticas, y no simplemente en términos de eficacia económica.
En el nuevo humanismo, la moder-nidad técnica, definida por la originalidad de la tecnología, deberá sustituirse por una modernidad ética. Por ejemplo, dejaremos de evaluar el transporte por el número de vehículos particulares en circulación, para tomar en cuenta, en cambio, aspectos como la velocidad, la comodidad de los usuarios, la puntualidad y el acceso universal.
Al igual que Einstein, el incrédulo que tuteaba a Dios con la esperanza de sonsacarle los secretos de la creación del mundo, el nuevo humanismo debe encontrar el método que permita edificar una civilización democrática, tolerante y eficaz para toda la humanidad y para cada ser humano en particular, y respetuosa de la naturaleza.
Este método es el diálogo entre los pueblos y entre éstos y la naturaleza. El nuevo humanismo se cimentará en el diálogo entre las culturas y con la madre Tierra.


Fragmento de la intervención en el Tercer Foro Mundial de la Alianza de Civilizaciones de las Naciones Unidas. Brasil 2010.