Discurso pronunciado por Julio Werthein durante la ceremonia donde le fue otorgado el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), el 20 de octubre de 2009.
Nací en 1918.
91 años plus pueden parecer muchos si los comparamos con el promedio de vida humana en estas regiones. Midiendo con diferentes parámetros pueden resultar muchísimos o insignificantes. El judaísmo con los 5770 años acumulados de monoteísmo, aparece en el firmamento de las religiones actuales como de muy antigua data. Pero ¿qué son esos 5770 comparados con el peregrinaje humano de hace más de un millón de años? Para no hablar de los miles de millones devenidos desde el Big Bang cuando una partícula que nos concernía comenzó a expandirse.
A lo mejor alguien piensa que la relativización de lo cronológico es un consuelo de veterano de dos guerras mundiales. Pero no es así en mi caso, dado que he renunciado a ese consuelo desde que asumí al impulso (el elám de los franceses) como cometido de vida.
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Permítaseme opinar que una sociedad de jóvenes no asegura el futuro sino el presente y por supuesto el presente de mañana. Pero no por ello creo que es menos importante contribuir a la nutrición de estas jóvenes mentes, que algún día serán las que, de una u otra manera, forjarán la vida empresaria y política de la Nación. Por tanto, sepan aceptar estas humildes palabras como un granito de arena más.
Les confieso, mis amigos de la UADE, que no he vivido en situación de pureza. Mi transitar ha estado emparentado con lo gótico que –antes de referir un estilo arquitectónico– constituyó lo aglutinante por incorporación acumulativa y abierta a los espacios y variedad.
Me refiero al gótico, porque del concepto extraigo las notas paradigmáticas de lo que es una empresa: uno de los nortes de mi vida y, por supuesto, materia nutriente de esta casa de estudios.
Empresa se vincula etimológicamente con emprender y emprender del latín préndere (prender) significa acometer.
Emprendedor es la persona que tiene iniciativa y decisión para emprender negocios o acometer empresas.
La empresa, por tanto, es aquello que se emprende. Empresa tiene que ver con el hacer y por lo mismo con el arte, equivalencia del hacer.
| Y sin arriesgarse dudo que alguien pueda encarar un proyecto significativo. Los peligros del deslizamiento son la temeridad y la negligencia, que conforman las piedras axiales en las buenas intenciones del camino al infierno. |
Y esto ha sido así desde antes del medioevo a la fecha. Desde el empleo de la escuadra y el compás hasta las aplicaciones contemporáneas del ciberespacio y la digitalización.
Si se trata del sustrato empresarial, la tensión es la misma sea que se contara con la habilidad manual del artesano o que se cuente con el apoyo preciso del diseño informático.
Aunque con otras herramientas, tampoco ha cambiado la dinámica del empresario en la ejecución de lo que se propone, principalmente con la evidencia que un visitante frecuente se llama: riesgo. Y sin arriesgarse dudo que alguien pueda encarar un proyecto significativo. Los peligros del deslizamiento son la temeridad y la negligencia, que conforman las piedras axiales en las buenas intenciones del camino al infierno.
Cuando menciono el riesgo empresario, no puedo evitar el recuerdo de mi hermano Noel –de feliz memoria– a quien le gustaba narrar sobre una devastadora sequía en la provincia de La Pampa en la primera mitad del siglo pasado. Sucedió entonces que cuando todo era desolación y abandono de campos, nuestra familia tomó créditos y compró toda la hacienda que se le ofreció. En poco tiempo volvió la lluvia y gracias a la revalorización del ganado, pagamos el crédito y obtuvimos una ganancia importante.
En otros órdenes de la vida empresaria tuvimos experiencias parecidas. No las abordo para no aburrirlos y sobre todo porque el “know how” tiene su precio. No en vano los italianos llaman al know how: “il segretto”.
Dicho lo que precede, tal vez sea oportuno enfatizar en la perspicacia de Platón, cuando afirmó que: “Todo lo grande (digamos la ocasión) está en el medio de la tempestad”.
Siento la necesidad de acompañar en este momento a los amigos de esta querida casa y especialmente a los jóvenes, pero no como “un padre que da consejos”. En realidad no me cae muy bien el viejo Vizcacha, ese personaje hernandiano que para mí es como un Machiavello de cabotaje. Prefiero simplemente opinar y nunca “ex cátedra”.
Como habrán advertido no encuadro en lo solemne. Tampoco tengo palabras para agradecer debidamente a los directivos de la UADE que han dispuesto conferirme el doctorado “honoris causa”. En verdad, pienso que es una exageración. Un acto gótico.
Pero –como les anticipé– no puedo negar que con el gótico me siento en casa.
Acabo de entrar a la catedral, iniciando otro fluir de mi vida.
Pienso con un filósofo que “el inicio es aún” y que “pensar es agradecer”.
Pienso en los jóvenes universitarios. A ellos dirijo mi simple y conmovido mensaje.
Sí, el inicio es aún.
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