...porque la Tierra está llena de
violencia, haz para ti un arca de
madera de árbol resinoso.
Génesis 6: 13,14
El Arca del Nuevo Siglo / Una publicación de La Caja de Ahorro y Seguro S.A.
 


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Novela policial

No siempre el mayordomo es el asesino…

Atrapados hasta la última página

Juan Carlos Cardinali*

El buen lector de novelas policiales conoce esa sensación tan
especial de estar aferrado al libro mientras el pulso se acelera… Ni el teléfono,
ni el timbre pueden lograr que se levante de su sillón e interrumpa la
lectura o haga una pausa para comer. Aquí un amplio panorama histórico de
este género que ha convocado la práctica de notables escritores y a una permanente legión de lectores, incluyendo intelectuales de enjundia.

 

René Magritte.
El asesino amenazado. 1926.
Óleo sobre lienzo.

* Periodista e investigador de temas históricos.
Ex Juez de Cámara.

¿Desde cuándo podemos hablar de novela negra, o de género policial? O más bien, ¿a quién atribuirle el inicio de esas novelas de intriga, en las que el mayordomo, el ama de llaves o el marido engañado, eran los principales sospechosos? Si aceptamos la definición de Marx, cuando afirma que la violencia es la partera de la historia, el haber infringido Adán y Eva la disposición divina, y a renglón seguido el primer hecho de violencia contra un ser humano que es el asesinato de Abel por su propio hermano Caín, la consecuencia sería que con ese acto dio comienzo la historia. De lo contrario no habría nada que contar. No hay historia de los acontecimientos normales, de las maravillas de la vida, del bien, la verdad y la belleza. Se pueden describir estas circunstancias, pero no se habrían escrito tantas novelas, relatos, romances, historias de caballería y sobre las perfidias del mundo y las cotidianas aquí y en el mundo entero.
Pero viniendo un poco más a nuestros tiempos, observamos que algunos expertos en estas lides le hacen honor a Wilkie Collins, un inglés a quien consideran el creador de la novela policial. Nacido en Londres en 1824, hizo una buena amistad con Charles Dickens, y su opera prima policial fue La dama blanca, que empezó por entregas, como solía ocurrir en esa época, en un periódico que regenteaba el propio Dickens. Más tarde, apareció de manera igual La piedra lunar, que al convertirse al poco tiempo en libro mereció cálidos elogios de T. S. Eliot e interesó vivamente a ilustres escritores como Kipling, Chesterton, Swinburne y hasta nuestro Jorge Luis Borges. Se dice que Borges lo admiró y lo “rescató del olvido”. De ascendencia  inglesa, aunque nacido en Boston, encontramos a Edgar Allan Poe, quien a pesar de ser tan prolífico, vivió tan sólo 40 años, entre 1809 y 1849. Sus padres biológicos eran actores, y estaban representando El Rey Lear cuando nació su segundo hijo. Impresionados por el personaje llamado Edgar, que en la obra de Shakespeare es hijo del Conde de Gloucester, para homenajearlo, le pusieron ese nombre al recién nacido. Poe, que tomará su apellido de su padrastro, compite con Collins, pues de este poeta, cuentista y novelista, se dice que es el inventor del relato detectivesco. Entre sus obras más destacadas del género, podemos apreciar La carta robada, Los crímenes de la calle Morgue, El misterio de Marie Roget, El escarabajo de oro, todas novelas que ejercieron una gran influencia en otro maestro, que fue Conan Doyle. Uno de los relatos más conocidos de Poe y que fuera llevado al cine, al teatro y a la televisión argentina, allá por los años sesenta, fue El tonel de amontillado. Con una buena ración de este buen vino, uno de los personajes, marido engañado, pone en estado de ebriedad al amante de su mujer. Cuando éste ya transita por un grado de alcoholemia sumamente elevado, al despertar se encuentra aferrado a un muro, y con grillos en tobillos y muñecas, mientras su oponente va levantando una pared, hasta quedar encerrado. Literalmente emparedado.


Gilbert K. Chesterton (1874-1936), creador del detective “Padre Brown”.

Agatha Christie (1890-1976), un centenar de obras de misterio.

El género policial y de enigmas se difundió con ediciones masivas.


Hemos mencionado a otro británico, Sir Arthur Conan Doyle, nacido en 1859 en Edimburgo. Es el creador de Sherlock Holmes, quien hace su debut como investigador en su libro Un estudio en escarlata. Autor de una saga sobre su personaje, que va desde las Aventuras, las Memorias, y el Archivo de Sherlock Holmes, Poe da a conocer su obra más popularizada, que es El sabueso de los Baskerville. Fue proverbial en sus novelas policiales, que su detective Holmes pusiera reiteradamente a prueba al inefable Watson, su ayudante, sobre su capacidad deductiva.
Agatha Christie, nacida igualmente en Inglaterra en 1890, siguiendo los pasos de Conan Doyle, ya en su opera prima introduce a Hércules Poirot en El misterioso caso de Styles, por el año 1920. Es muy posible que Christie se haya convertido en la más popular y en la más traducida de todos los escritores del género policial, contando con cerca de cien títulos, algunos de los cuales fueron llevados al cine con reconocido éxito. Esta suerte de escuela inglesa tiene su paralelo en los escritores norteamericanos, entre los que podemos citar a Dashiell Hammett, Raymond Chandler y Jim Thompson. Hammett nace en Maryland en 1894 y su obra maestra, según los expertos, es Cosecha Roja, escrita en 1929. Allí aparece un famoso detective, del que nunca se sabrá su nombre, que en cuanto empieza la novela, se topa con un asesinato. El gran golpe es una colección de varios relatos cortos, de los cuales el último, llamado Tulip, quedó interrumpido a causa de su fallecimiento en 1961, pero su mujer armó un final muy breve, manifestando que era lo que Hammett tenía previsto. De todos modos, la novela más popular de Hammett y una de las más conocidas del cine universal es El Halcón Maltés, de 1930, donde no ha quedado bien en claro si su investigador es Sam Spade o simplemente Humphrey Bogart, toda vez que se ha identificado tanto al personaje con el actor, que ya no parece haber diferenciación alguna. Hammett fue un activo militante comunista en los tiempos del macartismo, por lo que tuvo varios inconvenientes policiales y de persecución. Eran tiempos también de prohibiciones y gansterismo, por lo cual los escritores norteamericanos debían manejarse con cautela. Ello no fue dificultad para Raymond Thornton Chandler nacido en Chicago en 1886, pero que fuera llevado a Inglaterra desde muy pequeño, y terminara nacionalizándose británico. Fue un hombre muy culto, formado en letras, profundo conocedor tanto de los modernos como de los autores clásicos, y dentro del género creó también su personaje, en este caso a Philip Marlowe. Se inició con su primera novela sobre temas policiales con El sueño eterno, escrito en 1939, luego Adiós muñeca, La Dama del Lago, y El largo adiós, entre otros. Curiosamente, escribió un ensayo sobre la novela policial que denominó El simple acto de matar. Patricia Highsmith nace en Texas en 1921 y fallece en Locarno en 1995. Tuvo una vida azarosa, pues sus padres se separaron cuando ella estaba aún en el vientre de su madre, quien luego, en poco tiempo, reincidiría en el matrimonio con Stanley Highsmith, del que Patricia tomó su apellido.

Solucionar un teorema profundo

El detective privado surge para darle continuidad al género policial, que empieza siendo novelas por entregas antes de convertirse en libros. Esas entregas acaparan la atención de los aficionados al género, que esperaban impacientes el siguiente capítulo y, más adelante, tomando sus autores favoritos, estaban al acecho de una nueva novela. También aparece el detective razonador, deductivo e ingenioso, como es el caso de Poirot o Holmes, que resulta contradictorio con las falencias que en el siglo XIX y principios del XX presentaban las policías de los distintos países, que no lograban ser finas en su cometido.
Un antecedente de cuidadosa investigación, que se remonta a la Biblia, lo encontramos en el Libro del Profeta Daniel. Es el caso de la casta Susana, cuando sus acusadores ponen en riesgo su castidad, describiendo juntos las mentiras que van urdiendo en su contra. Daniel, que asiste a esos relatos, propone que ambos querellantes sean oídos por separado, y por tanto en el interrogatorio uno no sabe lo que ha dicho el otro. Así las contradicciones devolvieron a Susana el honor cuestionado. De esta manera, inaugurando lo que hoy es práctica tribunalicia, que es la declaración testimonial en forma individual, se llega a descubrir flagrantes contradicciones.

Es muy posible que Christie se haya convertido en la más popular y en la más traducida de todos los escritores del género policial, contando con cerca de cien títulos, algunos de los cuales fueron llevados al cine con reconocido éxito.


Actualmente se ha vuelto a recrear este género, que siempre tiene sus seguidores, pero que en estos años se han incrementado por la aparición o al menos la divulgación de buenos escritores. Algunos de ellos son viejos conocidos y otros más nuevos pero empezaron a escribir en la tercera edad. Decimos aparecidos o divulgados, pues como en el caso de Colin Dexter, ha dado desde hace tiempo interesantes novelas con un personaje emblemático que es el Inspector Morse, del que se han hecho varias películas, especialmente para televisión. Dexter tiene todos los componentes de la buena novela policial. Empezando por ser la contracara de Poirot, que jamás se equivocaba en sus deducciones, mientras que este antihéroe suele tomar caminos erráticos o distraerse con cuestiones secundarias. La colección Letemendia Casa Editora presenta varios títulos, como La joya que fue nuestra, Último bus a Woodstock, o La muerte es mi vecina, que están además traducidos por profesionales que utilizan nuestro lenguaje, apartándose de expresiones como “Os vais” “gilipollas”, “vale”, que son propias de las traducciones hechas por españoles. Dexter sale un poco de la línea trazada por otros autores, no porque sea el mejor, sino porque se aprecia en sus novelas el ritmo y los detalles que generalmente se le reconocen a la escritura inglesa, o más bien a la forma de ser de los ingleses, para no caer en el lugar común de enunciar la flema inglesa. Los otros autores que vamos a mencionar tienen en común con Dexter, el haber impuesto un personaje central que es comisario, detective o simplemente el investigador al estilo de Poirot, Holmes, o Marlowe. Quien ha adquirido una gran popularidad, especialmente en Italia, es el siciliano Andrea Camilleri, quien se destacaba como guionista y dirigía televisión y teatro. Pero meses antes de cumplir 70 años, aparece su primer libro policial, creando en homenaje al escritor español Vázquez Montalbán, al comisario Salvo Montalbano. Este comisario tiene en Cataré, al peor ayudante que uno se pueda imaginar, pero que a él le es útil, y del que Camilleri saca provecho para deleite de sus seguidores. Solterón, con una amante fija pero palermitana, vale decir de fin de semana, pues Montalbano vive en un inventado pueblito cerca de Agrigento, donde una ninfa báltica un par de veces al año se le aparece para su consuelo; el Comisario es un gourmet, que saborea con placer los platos que come en la cantina a la que concurre habitualmente. Camilleri, además de la saga de Montalbano, ha presentado algunos trabajos sin recurrir a su comisario, como La muerte de Amalia Sacerdote o Privado de título entre otras con igual éxito. En la misma línea de Camilleri está Petros Márkaris, quien si bien nació en Estambul, ha recorrido el mundo habiéndose afincado en sus tiempos de estudiante en Viena y en Stuttgart, aunque sus novelas transcurren en Atenas, ciudad donde tiene su asiento el jefe del Departamento de Homicidios, Kostas Jaritos. Este personaje igualmente se asemeja en algunos aspectos a Montalbano, aunque éste es casado y tiene una mujer que podría llamarse Severa, por su rígido temperamento. Tanto en Camilleri como en Márkaris se advierte un estilo suelto, leve, con el que un argentino podría identificarse rápidamente.
Distinto estilo y diferentes costumbres nos ofrecen el escritor Henning Mankell y su personaje Kurt Wallander. Mankell nació en Suecia y pasa seis meses en su país natal y otros seis en la ciudad de Maputo en la africana Mozambique, donde se desempeña como autor teatral, y está casado con Eva Bergman, hija de Ingmar Bergman. En una visita que hizo a la Argentina, dejó como primicia que está preparando la última novela con Wallander en el papel protagónico. No lo va a matar, como alguna vez pretendió hacerlo Conan Doyle con Sherlock Holmes, pero por alguna razón lo retirará o lo jubilará. Reconoce que a partir de sus novelas se produjo el contagio con un selecto grupo de escritores sobre temas policiales. Un ejemplo de ello, es la notoriedad que ha adquirido Stieg Larsson con su tríada Millenium, en la que es difícil rescatar de la larga lista de personajes, alguno que conserve rasgos morales. Nada hace presumir que ese país, con tan pocos habitantes, pueda generar las calamidades que se describen en la tríada, salvo que tengamos una percepción de Suecia distinta a la que nos imaginamos, y una semana en Estocolmo no nos habilita a realizar ningún juicio de valor. De todos modos no hay que olvidar que los suecos tienen en su haber dos magnicidios. Olaf Palme en 1983 y la ministra Anna Lindh en 2003. Mankell justifica el interés por este género a partir de su aparición y se compara con Bjön Borg. Después de él todo el mundo se puso a jugar al tenis en Suecia, algo parecido a lo que ocurrió entre nosotros con Guillermo Vilas. Dice Mankell: “Desde los más antiguos dramas, de Sófocles a Shakespeare, siempre hay una intriga de tipo moral que encierra un crimen. De hecho mi policial favorito es Macbeth”. Al igual que Camilleri, Mankell ya había dejado de lado varias veces a Wallander y se había destacado con otras aventuras como El Chino y la última El hijo del viento, que trata del trasplante de un niño africano a Suecia y sus consecuencias. Sin pretender hacer crítica literaria, sino comentarios de aficionado al tema, de Mankell puede decirse que tiene un estilo muy depurado, de riqueza expresiva y que hace honor a su confesado interés por la literatura y por sus deseos de ser escritor, allá cuando tenía seis o siete años y su abuela, que lo educó, le enseñara a leer.
Otro escritor, tal vez uno de los más jóvenes de estas nuevas apariciones, es el escocés Ian Rankin, quien también se ha servido de su propio inspector, John Rebus, para quien no todo es fácil en su tarea, debiendo tropezar con Asuntos Internos, esa División Policial que investiga a sus pares. Rankin tal vez sea el menos conocido en Argentina, pero ha merecido elogios de la prensa mundial.
Qiu Xiaolong y Ha Jim, ambos nacidos en China y testigos de los cambios ocurridos desde Mao hasta ahora, presentan sus obras adaptándolas a las costumbres y circunstancias sociales y políticas de su país. Tienen el interés de los que conocen de primera mano la temática que utilizan y los lugares e idiosincrasia de los protagonistas y de las problemáticas que aparecen en sus obras.

Un escritor argentino que se ha aproximado al género a través de Crímenes imperceptibles y La muerte lenta de Luciana B, el jóven Guillermo Martínez, en un artículo periodístico, señala al Borges de 1933 indicando las reglas o mandamientos que deben respetarse para el relato policial clásico. Nos dice Borges que hay que tener en cuenta: un límite discrecional de sus personajes. De-claración de todos los términos del problema, vale decir poner las cartas sobre la mesa. Avara economía de los medios. El pudor de la muerte, esto significa que la muerte en sí misma es menos importante que el relato. Necesidad y maravilla de la solución, tanto por manejar un problema determinado, como la sensación de maravilla que, aclara Borges, no debe apelar a lo sobrenatural. “La solución de un relato policial debe ser como la solución de un teorema profundo: difícil de imaginar a través de las premisas, pero cuya necesidad se impone por el ingenio riguroso de una explicación perfectamente lógica”.