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| En la manzana número 36 –de las 250 en que se dividió la ciudad en el siglo XVI– se proyectó el primer hospital aún sin médicos de la ciudad: el San Martín de Tours y Nuestra Señora de Copacabana. Pero la idea recién se concretó en 1614. En 1799, Gorman y Fabre diseñaron la primera Escuela de Medicina. |
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* Jefe del Servicio de Cirugía Plástica
del Hospital “Dr. Cosme Argerich”.
**Médico del Hospital General
de Agudos “Dr. Cosme Argerich”.
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Si bien existieron dos expediciones previas a la de Juan de Garay, la suya alcanzaría una importancia trascendental, al fundar el 11 de Junio de 1580, la ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de Buenos Aires. Con su llegada no se conoce médico alguno que lo haya acompañado, algo no muy difícil de creer, debido a que por esos tiempos Buenos Aires representaba una ciudad pobre con pocos comercios, calles sin empedrar, contaba con una pequeña iglesia y algo como si fuera un hospital. En cumplimiento de las reales leyes españolas, realiza la división de la ciudad en 250 manzanas, designando para la construcción del primer edificio del hospital a la manzana número 36, que actualmente corresponde a la ubicada entre las calles Sarmiento y Corrientes, Reconquista y 25 de de Mayo, situada a cien metros del Monasterio de la Merced.
Se designa por sorteo al patrono de la ciudad, siendo elegido San Martín de Tours y el mismo nombre se extiende para el nuevo hospital que pasa a llamarse Hospital de San Martín y Nuestra Señora de Copacabana. Las leyes españolas
¿Hubo alguna legislación que ordenara la edificación de hospitales a comienzo del siglo XVI para los pueblos hispanos?
En verdad que la hubo desde el primer paso dado en suelo americano por los conquistadores, sabían que tenían órdenes por cumplir. La misma era muy clara, ya que no sólo debían construir un hospital en cada pueblo que se fundara sino, además, debían administrar los recursos, seleccionar los profesionales idóneos y mantener la preservación del edificio asignado. Así leemos en la Recopilación de Leyes de los Reinos de India:
Ley I: Que se funden hospitales en todo los pueblos de españoles e indios. Carlos V a 7 de julio 1541 en Fuenzalída.
Ley II: Cuando se fundare o poblare alguna ciudad, villa o lugar, se pongan los hospitales para pobres enfermos con enfermedades que no sean contagiosas junto a las iglesias, mientras que los enfermos con enfermedades contagiosas en lugares levantados y para que ningún viento dañoso pasando por los hospitales vaya a herir en las poblaciones. Felipe II a 13 de julio de 1573.
Ley III: Mandamos a los Virreyes del Perú y Nueva España que cuiden de visitar algunas veces los hospitales. Felipe II a 19 de enero de 1587.
Cuando Felipe II dicta sus famosas ordenanzas sobre la fundación de los pueblos, declaró, también de imprescindible ejecución, el establecimiento de hospitales, junto a la iglesia y por claustro de ella para que cuidara a los pobres enfermos. Esta función humanitaria de socorrer al enfermo fue consecuencia de las grandes ideas que anidaron en el espíritu de Felipe II, quien entendía que un buen monarca para alcanzar la felicidad de su pueblo debía promover la buena salud del mismo.
Fue sin duda alguna el natural sentimiento de conmiseración para los que sufren y sobre todo la caridad cristiana lo que impulsó, a los conquistadores y colonizadores españoles, a esta nobilísima preocupación por la dolorosa situación de los enfermos.
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| La historia oficial registra a Felipe II preocupado por la felicidad del pueblo. |
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| Hubo dos factores que determinaron una vida precaria a los hospitales en estas regiones americanas, uno lamentable como fue la falta de recursos y otro feliz, la falta de enfermos. |
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Sin embargo, pasaron muchos años antes de edificarse el nuevo hospital, mientras tanto debió funcionar en casas de particulares. La existencia de libros capitulares dan testimonio que se rentó la casa de Francisco Álvarez de Gaitán en 1591, para el funcionamiento del hospital. Vallejos Andrés es designado por el Cabildo como el primer mayordomo (acuerdo de López del 9 de julio de 1590).
Por actas del mismo Cabildo se sabe que hasta el 7 de enero de 1611 no se había fundado ni edificado el hospital. Diversas razones obraron para que se lo cambiara de ubicación. En efecto, en la sesión del 7 de marzo de 1611 se consideró que el sitio asignado para su edificación resultaba incómodo y estaba fuera del lugar de comercio. Se decidió el traslado al camino del Riachuelo, por considerarse la calle donde entra en la ciudad la gente que viene por la mar y es por donde vienen, además, la mayoría de los pobres enfermos. El nuevo terreno asignado no pertenecía al gobierno, sino que era propiedad de cuatro vecinos a saber, Antonio Hernández Barrios, Francisco Muñoz, Antón Igueras de Santana y Pedro Izarra, con quienes se trocarían sus tierras dándoles otras en compensación. La nueva manzana elegida para la edificación del primer hospital se ubicó entre las calles que, actualmente, son llamadas Defensa y Balcarce, México y Chile, hoy ocupada por La Casa de Archivos Militares. Estos acuerdos del Cabildo fueron presididos por el gobernador Don Diego Marín de Negron, quien habría ordenado la fundación efectiva del nuevo hospital. Así, es considerado como su iniciador y fundador, ya que contribuyó con su propio dinero para llevar a cabo dicho emprendimiento. Podemos concluir que la fundación del primer hospital de Buenos Aires fue una tarea claramente definida por este gobernador.
De esta manera, a comienzos del año 1614, Buenos Aires ya contaba con su primer hospital y podemos conocer su fisonomía arquitectónica, gracias a un profundo estudio realizado por el Dr. José Luis Molinari, donde describe que la superficie que ocupó su edificio medía 109 varas de frente por 88 de fondo, con material elaborado con tierra y techos entablados. Se erigió, entonces, el hospital de San Martín, que no era más que una pequeña iglesia o ermita, de 34 varas de largo, 8 de ancho y 5 de altura, teniendo una enfermería, verdadera sala de asistencia de 36 varas de largo por 7 de ancho, y como servicios accesorios y auxiliares, habitaciones para religiosos y esclavos.
Sin embargo, los recursos con los que contó durante los primeros años fueron muy escasos, según testimonios de una carta del Gobernador Góngora que mencionaba lo siguiente: el entretenimiento del Hospital era pues, miserable cuando su encargado debía acudir a estos extremos, porque no hay renta, y las limosnas son cortas y no alcanzan para poder sustentar enfermos si no es sólo alguno, y aunque en la ciudad hay muchos enfermos, pobres indios y españoles, no se puede curar por no haber renta, médico ni barbero. Lo asombroso es que Buenos Aires con sólo mil habitantes en 1614, con apenas 8 mil en 1700 y 40 mil para 1780, incluyendo toda su jurisdicción desde el estrecho de Magallanes hasta Santa Fe y Corrientes, y por el poniente hasta la cordillera de los Andes, no sólo se empeñaba en tener su primer hospital desde 1580 sino que llegó a tener hasta tres hospitales a fin del siglo XVII.
Órdenes religiosas y salud

En la calle Paraguay –entre Junín y Uriburu–, se levanta la nueva Facultad de Medicina. Se comenzó a construir en 1937 y fue inaugurada en 1944. |
Hubo dos factores que determinaron una vida precaria a los hospitales en estas regiones americanas, uno lamentable como fue la falta de recursos, y otro feliz, la falta de enfermos. Las razones eran muy sencillas, la gente de entonces prefería cuidar sus enfermos en casa, además la población gozaba de excelente sanidad al disponer de vastos terrenos, recibiendo las casas aire y sol sin limitación y llevando sus moradores un régimen de vida muy frugal, a base de alimentos sanos y de mucho ejercicio. Pero más que nada la carencia de edificios hospitalarios se explica por la escasez de población, como muy graciosamente acota Guillermo Furlong en su trabajo Médicos Argentinos durante la dominación hispánica; |
Pero más que nada la carencia de edificios hospitalarios se explica por la escasez de población, como muy graciosamente acota Guillermo Furlong en su trabajo Médicos Argentinos durante la dominación hispánica; no había hospitales porque no había enfermos y no había enfermos porque no había habitantes, y prueba de ello es que algunas veces el Cabildo deseando aprovechar el local disponía alquilar la casa del Hospital a los que quisieran o bien la trasformaban en casa de recogimiento para mujeres en peligro o beaterío. Es así que a principios de siglo XVIII, las autoridades bonaerenses convirtieron en beaterío y escuela de niños al único hospital existente, pero el Rey al recibir informes de lo sucedido ordenó que no se desnaturalice su primer objetivo. Sin lugar a dudas lo que más contribuyó a dar vitalidad y sobre todo continuidad a los hospitales fueron dos fenómenos que sucedieron para esas épocas: el primero, el aumento de las tropas y segundo, la presencia de los padres betlemitas, hospitalarios por vocación y profesión dedicados tiempo completo al cuidado de los enfermos. Los betlemitas dieron a los hospitales regenteados por ellos seriedad y eficiencia. Esta institución de origen americano fue fundada en Guatemala en 1660, por Egregio Varón Pedro de Betancourt, que después de dedicarse a la enseñanza entre niños pobres, extendió su benéfica acción a los hospitales, fundando la hermandad Betlemítica. A causa de usar barba estos religiosos, se los designa con el nombre popular de barbones. Debido a esto en 1720 el alférez real pide al Cabildo que el hospital de San Martín fuera puesto bajo la dirección de la orden hospitalaria de los betlemitas. Solicitado por el Cabildo de Buenos Aires, llegaron al país el 4 de noviembre de 1727, haciéndose cargo del Hospital San Martín, y más tarde de los hospitales de Córdoba y Mendoza de donde salieron expulsados en 1817 aproximadamente, acompañando al Ejército de Los Andes. Recién el 20 de diciembre de 1748, se hizo entrega del hospital San Martín a la orden de padres Betlemitas y pasó a llamarse Hospital de Betlemitas o de Santa Catalina Virgen y Mártir. El arduo trabajo realizado con total dedicación, infinita caridad y solidaridad para con los enfermos, alcanzaría aproximadamente más de 80 años. En 1806 se aprueba su traslado al Colegio y Casa de Ejercicios de los Jesuitas Expulsos también llamado Colegio de Belén, que pasó a llamarse Hospital de Belén con 200 camas en su apertura.
Actualmente sólo se conserva la Iglesia de San Pedro Telmo y un edificio en su lateral izquierdo que representa la “Ex cárcel de mujeres” ubicado en la calle Defensa entre Humberto I y San Juan.
Es preciso reconocer el arduo trabajo realizado por las instituciones religiosas o de beneficencia que obraron en la época colonial; su fervorosa devoción por los más necesitados, pobres y enfermos se vio reflejado en la fundación de los primeros hospitales. Como podemos observar dan testimonio alguno al estudiar los comienzos del hospital de hombres como así también lo fue el hospital de mujeres. La fundación de este último se debe a la magnífica iniciativa de la Hermandad de la Caridad de Nuestro Señor Jesucristo, cuyo nacimiento en nuestro país lo realizó el presbítero Don Juan Guillermo Gutiérrez Gonzáles y Aragón, con el sano objetivo de dar sepultura a los cadáveres de los pobres, que fueron víctimas de una terrible epidemia sucedida en el año 1727. La Hermandad de la Caridad fue aprobada por el Rey el 16 de octubre de 1754 en una petición realizada por el Gobernador Zavala. El lugar asignado fue una capilla situada en la calle Bartolomé Mitre entre Suipacha y Esmeralda, bautizada nada menos que con el nombre de Arcángel San Miguel y bajo el patrocinio de Nuestra Señora de los Remedios. Este lugar sería el comienzo para una gran tarea de beneficencia por esta hermandad ya que fundaría más tarde un colegio de niñas huérfanas y finalmente contiguo al mismo un hospital para mujeres. La fecha exacta para la fundación del mismo es controversial, todavía existen dudas al respecto. Parece que primero comenzó funcionado una sala con 10 camas destinadas al cuidado de mujeres enfermas, que estaba ubicada contigua a la Iglesia de San Miguel. Tardarían aproximadamente 25 años para que en una carta enviada por el hermano mayor Altolaguirre al Obispo Azamor y Ramírez, se informe que el Hospital de mujeres se fundó en el año 1766. Más tarde sufriría modificaciones esta gran obra a causa de tan noble objetivo. Se decidió comprar dos casas vecinas para extender las salas de enfermas, cuyo dinero salió de limosnas hechas a la ciudad; finalmente de esta forma el nuevo edificio quedó terminado el 4 de julio de 1784. Está perfectamente documentado en los Archivos Generales de la Nación el movimiento que existió en el hospital durante esa época, tanto del número de pacientes internados, como la cantidad del personal, hasta el nombre del capellán del hospital y la descripción de un reglamento estricto que debía cumplir todo el personal. Los fondos que disponía el hospital eran muy escasos y provenían de limosnas que los hermanos pedían en las calles o suscripciones de los vecinos más pudientes que existían en la ciudad. También contaba con una entrada fija de dinero que provenía de las ventas de vacas en un campo situado en la ciudad hermana del Uruguay. Para esta época, contaba con dos hospitales la pujante ciudad de Buenos Aires, el mencionado hospital de Belén para hombres, y el hospital de la Caridad para mujeres.
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| Con Rosas se produjo un segundo ciclo del avance hospitalario en Buenos Aires. |
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| ...que se pongan los hospitales para pobres con enfermedades que no sean contagiosas junto a las iglesias, mientras que los de enfermedades contagiosas en lugares levantados... |
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1799-1820: El tribunal de Protomedicato también contribuye al funcionamiento de los hospitales. El Protomedicato era una institución creada en España a fines del siglo XIV para fiscalizar el ejercicio de la medicina y promover el progreso de la misma. Las funciones de Protomedicato fueron precisadas gradualmente por cédulas reales, pero Felipe II es quien en 1570 le dio organicidad y en 1588 dispuso que en toda población importante hubiera un protomédico y tres examinadores. Pero pasarían muchos años para conseguir una real orden expedida por Carlos III para la fundación definitiva del Protomedicato de Buenos Aires, con jurisdicción en todo el Virreinato del Río de la Plata, la misma ocurrió el 19 de julio de 1798. El Virrey Vértiz otorgó el nombramiento para protomédico al Doctor Miguel Gorman, quien había llegado con la expedición de Cevallos y se radicó en Montevideo en 1777 con el encargo de organizar la asistencia médica. Su verdadero apellido era O'Gorman ya que había nacido en Ennis en la Provincia de Munster, Irlanda, alrededor del año 1748. Cursó sus estudios en las Universidades de Reims y París. En 1770 se puso al servicio de España debido a una gran amistad establecida en su etapa universitaria con un español cercano al Rey. Se desempeñó en puesto de primer médico en la expedición a Argel. Luego fue destinado a formar parte de la magna expedición de Cevallos a América y fue señalado para primer médico en el departamento de medicina teniendo a sus órdenes a otro médico, Jaime Menos y Llanos, y a siete practicantes, mientras que al frente del departamento de cirugía se encontraba Don Francisco Puig.

Frente a la Facultad de Medicina en la Ciudad de Buenos Aires, en la calle Junín, entre Paraguay y Córdoba, se recuerda a los científicos Argerich, Gorman y Fabre. |
Una de las funciones del Protomedicato era la instalación de una escuela de medicina, la misma también estuvo a cargo del Doctor Gorman y el catedrático en cirugía José Capdevilla. Este último debió declinar su cargo al poco tiempo de asumido a causa de su deteriorado estado de salud. Fue reemplazado por el Doctor Agustín Fabre el 22 de julio de 1799. Gorman y Fabre presentaron al Virrey el proyectado plan de estudio de medicina y cirugía, que constaba de seis años y adoptaba en su mayor parte el plan de la Universidad de Edimburgo, los cursos comenzaban cada tres años y la distribución de las asignaturas eran las siguientes: primer año anatomía y vendajes; segundo año elementos de química farmacéutica fisiología y botánica; tercer año instituciones médicas y materia médica; |
cuarto año heridas, tumores, úlceras y enfermedades de los huesos; quinto año operaciones y partos; sexto año clínica. Las prácticas de las mismas materias que se dictaban eran realizadas en el Hospital de Belén ubicado en el Barrio de San Telmo que duró alrededor de 20 años hasta la conclusión del funcionamiento de protomedicato.
1810-1820: La situación belicosa ocurrida durante la independencia exigió la creación de nuevos hospitales llamados hospitales militares. Así fue que el convento de San Francisco se convirtió en hospital con las deficiencias de la improvisación, subsanadas por el espíritu de sacrificio de los padres betlemitas y los hermanos de San Juan. También Manuel Belgrano contó con un hospital ambulante con excelentes médicos y cirujanos para realizar su expedición. Terminada la guerra en 1820 y por orden del Gobernador Rivadavia pasó al cuidado del Hospital General de mujeres una sociedad de beneficencia. Mientras que en el Hospital General de hombres (Belén) se expulsaron a los padres betlemitas después de incautar sus bienes. El hospital es encomendado a una comisión llamada Protectora. El Tribunal de Protomedicato, que tanto había contribuido con el funcionamiento de los Hospitales, también cambió de nombre por el de Tribunal de Medicina.
A partir de 1830, durante el gobierno de Rosas numerosas fueron las ocasiones que se ocupó del correcto funcionamiento y administración de los dos hospitales y año tras año nombraba a dos comisiones: una para el Hospital de hombres y otra para el Hospital de mujeres, que debían vigilar la marcha y el buen funcionamiento de ambos.
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