 Adorno de nariz: arañas de ocho patas finas atrapadas en una red de oro. |
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La historia de la conquista del territorio sudamericano nos sigue sorprendiendo con revelaciones por descubrir, leyendas para comprender y una gran admiración por la cultura indígena. Exploradores y aventureros buscaron incansablemente El Dorado con el afán de apoderarse de una fabulosa ciudad pletórica de oro y plata, realizaron esfuerzos tan colosales como vanos, donde lo único que escaseó fueron escrúpulos. |
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Algunos encontraron recovecos insospechados de una geografía formidable y bebieron un sorbo de gloria, a pesar del fracaso en sus expectativas. Otros no hallaron más que penurias, muerte y olvido.
La historia registra los nombres de los españoles Gonzalo Jiménez Quesada, Francisco de Orellana y Gonzalo Pizarro, el germano Nicolás de Federmann, Felipe de Utre (germano-español) y al inglés Walter Raleigh, entre la variada vorágine de conquistadores que, durante ese siglo XVI, hollaron con desesperación esta parte de América.
Pero no estaban errados, pues varias civilizaciones imperiales –entre ella la azteca y la maya– se habían desenvuelto con plenitud y sorprendentes desarrollos. Sus tesoros culturales y sus labores en metales preciosos, en el presente, corroboran la real existencia de Los Reyes del Dorado con muchos siglos de precedencia al mundo europeo.
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Las cabezas de animales con
lengua bífida podrían ser zorros. Lentejuelas de oro le cuelgan
en espiral.
A la izquierda, detalle de este
ornamento para la nariz,
usado en los ritos religiosos. |
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