...porque la Tierra está llena de
violencia, haz para ti un arca de
madera de árbol resinoso.
Génesis 6: 13,14
El Arca del Nuevo Siglo / Una publicación de La Caja de Ahorro y Seguro S.A.
 


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Beatriz, la que Dante tanto amó


Beata Beatrix, óleo de Dante Gabriel Rossetti (1828-1882)


Irene Chikiar

En la Fundación La Caja, se está realizando, desde el mes de agosto, un curso sobre Dante y La Divina Comedia, a cargo de la profesora Dolores de Durañona y Vedia, quien dedicó las primeras clases a situar al autor y a su obra en la Florencia medieval, e incluyó una pormenorizada incursión en los aspectos literarios, políticos y culturales relacionados con el tema. Entre aquellos se destaca la especial relación que unió al poeta con su musa, personaje principal de la Vita Nuova e inspiradora de La Comedia: Beatriz.

¿Quién fue Beatriz?

Muchos se preguntan quién fue realmente Beatriz, aquella que inspiró el temprano amor de Dante cuando éste recién cumplía los nueve años. Tal vez para aproximarse a éste y a otros interrogantes que desvelan desde siempre a los críticos y estudiosos, pero también a los lectores comunes, haya que comenzar por preguntarse quién fue Dante, y cómo fue la sociedad florentina y el mismo barrio de la ciudad toscana en que vivían ambos, cómo fueron sus vidas y quiénes sus amigos e influencias.

Durante Alighieri

Dante es el sobrenombre de Durante Alighieri, nacido el 23 o 24 de mayo de 1265, y que recibió el bautismo en San Giovanni, lugar que en el exilio añorará, como dice en el Canto 25 del Paraíso, de La Comedia: “Si aconteciese que el poema sacro en el que han puesto manos cielo y tierra, y por el que hace mucho me demacro, vence la crueldad que me destierra…retornaré poeta y en la fuente de mi bautismo ceñiré laureles …”. Estas reflexiones son del hombre adulto, que incursiona no sólo en las letras sino en la política y que está lejos en el tiempo de aquel niño que pierde a su madre primero y a su padre después y que, según surge de su obra, siempre añorará, como un paraíso perdido, las figuras materna y paterna.


“En medio de una nube de flores que esparcían al aire manos angelicales.” Purgatorio, Canto XXX.
Grabado de Gustave Doré.

Cuestión esta que tiene mucho que ver con la frecuencia con la que el poeta insiste en llamar madre y padre a muchos de los personajes de su Comedia.
Del padre de Dante se sabe poco y su hijo no lo recuerda en su obra, como tampoco hace referencia a su madre, ni a su esposa, ni a sus hijos. Según un soneto de Forese Donatti, amigo y cuñado del poeta, hay una sombra que pesa sobre ese padre.
Muy diferente es el caso del tatarabuelo Cacciaguida, del que Dante está muy orgulloso y ubica en el Canto XV del Paraíso en La Comedia. Este abuelo habría muerto en batalla siguiendo a Ricardo III en las cruzadas.
La niñez y la primera juventud del poeta son años de paz y felicidad en Florencia. La madurez, en cambio, está marcada por guerras fratricidas y luchas internas que lo afectan de tal manera que termina siendo desterrado.

Los pasos de San Francisco de Asís

El sentimiento de orfandad que acompañó a Dante desde la niñez, parece ser clave en la filiación paterna en la que inscribe a Virgilio, el poeta de la Antigüedad que será su guía en el Infierno y en el Purgatorio y que, pagano, queda impedido de acceder al Paraíso. Virgilio, correspondiéndole, lo llamará “dulce hijo mío”. Otros a los que dará el nombre de padre cuando los encuentre en el recorrido que va desde el Infierno al Paraíso, pasando por el Purgatorio, son Brunetto Lattini, su maestro, el poeta Stacio, su abuelo Cacciaguida, y el mismo Adán, padre de la humanidad pecadora.
Dante es educado primero por los franciscanos y después por los dominicos. Si bien sobre sus estudios todo es conjetural y no se sabe si cursó el trivium (ciencias) el quatrivium (letras) o el cursus (estudios superiores), la figura y la enseñanza del santo de Asís es sin duda muy significativa para él. La pobreza que San Francisco de Asís llevó a instancias tan extremas, iniciando lo que se llaman las órdenes mendicantes, no se avenía para nada con el poder y las riquezas asociadas a los Papas cercanos en el tiempo al poeta, y a los que Dante aborreció, como dejó escrito en La Comedia en el Canto XIX del Infierno, cuando los acusa de simonía (hacer negocios durante el pontificado).

“Beatriz, la beata, la feliz, tenía como el poeta 9 años.‘Apareció vestida de novilísimo color rojo suave y honesto, ceñida y adornada de la guisa que a su edad juvenil convenía’.”


En su juventud Dante alterna con los poetas del Dolce Stil Nuovo. El “primero de sus amigos” es Guido Cavalcanti, unos años mayor que él y considerado sabio por sus contemporáneos, según señala Boccaccio en el cuento El filósofo epicúreo. Familiarizado con el pensador y alquimista San Alberto Magno, Dante debió aprender lenguas: el latín y sin dudas el provenzal. Se sabe que dibujaba, que conocía de arte y que trataba a Giotto. También que cantaba y se conducía galantemente, que era buen jinete, que sabía manejar las armas y, de sus labios, que “por sí solo” aprendió a combinar las palabras en rimas.
Dante, que según Papini está lejos de ser el cristiano perfecto, ya que reconoce en la obra del poeta tres pecados que “están entre los más graves y pueden hacer peligrar el alma de un cristiano” –la lujuria, la ira y el orgullo–, es quien va a escribir el gran poema alegórico del cristianismo: La Comedia, la misma que los hombres dieron en llamar Divina.

La vez primera

La gran obra de Dante comienza con una historia de amor de la que él deja amplias referencias en la Vita Nuova y que lo vincula con Beatriz Portinari. De ella, escribe Boccaccio que era una persona gentil y agradable, con hábitos y palabras bastante más graves que las requeridas por su edad. Además, que tenía las facciones del rostro muy delicadas y óptimamente dispuestas, y llenas también de belleza y de tan noble gracia que muchos la consideraban “casi un angelito”. ¿Cuánto hay que confiar en las precisiones de Boccaccio, primer biógrafo del poeta, quien, tal vez proyectándose, lo describe como lujurioso? Lo cierto es que las características del amor de Dante por Beatriz, o por Bice como la llamarían los florentinos, es un amor de otro tipo.

Dante y Beatrice (1883, detalle), óleo de Henry Holiday.

Dice Dante en la Vita Nuova: “Nueve veces desde mi nacimiento había vuelto el cielo de la luz al mismo punto casi, en cuanto a su propio giro, cuando apareció ante mis ojos, por vez primera, la gloriosa señora de mis pensamientos, a quien muchos, aun no sabiendo cómo se llamaba, llamaron Beatriz”.
Beatriz, la beata, la feliz, tenía como el poeta, nueve años. “Apareció vestida de novilísimo color rojo suave y honesto, ceñida y adornada de la guisa que a su edad juvenil convenía. En aquel punto, digo en verdad –subraya Dante– que el espíritu de la vida que mora en la secreta cámara del corazón, comenzó a temblar con tal fuerza hasta que en mis últimos pulsos latía horriblemente, y temblando dijo estas palabras “Ecce Deus fortior me qui veniens dominabitur mihi” (He aquí un Dios más fuerte que yo, el cual viniendo me dominará).
Si bien Dante y Beatriz no vivían lejos y lo más probable es que se vieran con cierta frecuencia, el poeta registra dos ocasiones en las que la presencia de ella es como inevitable y que lo marca profundamente, una vez a los nueve años y otra, nueve años después.

Un amor cortés

La familia de Beatriz, de las muy principales, tenía incluso una capilla propia en la Iglesia de Santa Margarita, iglesia donde parece haberse casado Dante con Gema Donatti, la madre de sus tres hijos. Por su parte, Beatriz se casó con Simón de Bardi, un banquero riquísimo y viudo. ¿Cómo se explica que la devoción del poeta por ella, una mujer casada, no fuera censurada por los hombres de su tiempo, que vieron en La Comedia una gran obra? Fue así porque este amor se inscribe en una tradición que Dante, junto con los demás poetas del Stil Nuovo, tenían muy en cuenta: la del amor cortés.
El amor de Dante por Beatriz viene inserto en la tradición trovadoresca. Los trovadores fueron seis generaciones de poetas originarios del sur de Francia, con más precisión de la Provenza, que vivieron entre los siglos XI y XIV. Esa gente utilizaba la lengua occitana, impropiamente llamada provenzal, que se extinguió cuando el papa Inocencio III consumó la cruzada contra los cátaros. Las obras de los trovadores, sobre cuyo molde parece haberse hecho la Vita Nuova de Dante, especie de diario juvenil del poeta, eran difundidas por juglares líricos. Si bien el tema principal de los trovadores era el amor, también había entre sus composiciones poesía de invectiva política, canciones de protesta, plantos por la muerte de algún personaje, expresiones populares y de carácter bélico, e incluso duelos entre poetas. Son los mismos temas que se encuentran en la escuela a la que perteneció Dante: el Dolce Stil Nuovo.


San Francisco predicando a los pájaros (detalle), fresco de Giotto, Basílica Superior de San Francisco de Asís.

Las damas de la pantalla

El amor de Dante por Beatriz es, como el amor cortés, un amor furtivo. Según las convenciones que lo regían, el secreto era indispensable. Es así como en la iglesia, entre la mirada de Dante y los ojos de Beatriz, se interpone una dama. Dante la convierte en pantalla de sus verdaderos votos y dedica sus versos a esa mujer que es reemplazada luego por otra. Las mujeres de pantalla enmascaran su amor por Beatriz, pero es posible que éstas, a su vez, ocultasen otras infidelidades del poeta. Según George Santayana, este hecho aparentemente real revela en el Convite, verdades más trascendentes: “que la donna gentile, la pantalla del verdadero amor de Dante, es la filosofía. Si la donna gentile es la filosofía, la donna gentilissima, Beatriz, ha de ser algo de la misma clase, el bien más noble. Ha de ser la teología y Beatriz es indudablemente la teología”. Beatriz es entonces, además de una existencia real, un símbolo. Pero Beatriz es más, sus ojos “reflejan una luz sobrenatural. Es la inefable visión de Dios”.
Lo cierto es que Beatriz llega a negarle el saludo porque “oyó hablar –de Dante– a ciertas personas”, que decían que cierta mujer recibía de él “algunas molestias”. Por eso “la gentilísima”, “enemiga de toda murmuración”, no se digna saludarlo “temiendo fuese dañina”. ¿Es dignidad, despecho o un sentimiento herido lo que impulsa la reacción de Beatriz? No hay indicios sobre el particular, lo que sí sabemos es que Dante, añorante, escribe: “Ante la esperanza del admirable saludo, no me quedaba ya enemigo alguno, antes bien, nacíame una llama de caridad que me hacía perdonar a quien me hubiese ofendido…

digo que luego que me fue negada mi ventura, me sobrevino dolor tan grande que, apartándome de la gente…me encerré en mi aposento donde podía lamentarme sin ser oído…(y) me dormí, como niño azotado, llorando”. Beatriz extrema su desdén en una fiesta de esponsales y se burla, con sus amigas, de Dante.

“Donna angelicata, la amada, por el solo hecho de existir mejora al amado. Es lo que le pasa a Dante ante el saludo de Beatriz.”

“Ha salido de este mundo”

La muerte de Folco Portinari, padre de Beatriz, impresiona y oscurece la mente del poeta, que reflexiona: “Necesariamente sucederá que Beatriz se muera alguna vez”. Dice entonces: “Comencé a sufrir como una persona frenética y a imaginarla de esta manera: en un principio aparecieron unos rostros de mujeres desmelenados que me decían: ‘También tú morirás’. Y después de esas mujeres apareciéronme unos rostros de horrible aspecto, los cuales me decían: ‘Tú estás muerto’… Me parecía ver que había unas mujeres que iban desmelenadas por una calle maravillosamente triste, y parecíame que el sol se oscurecía y que las estrellas mostraban un color que me hacían creer que lloraban; y parecíame que los pájaros que volaban por el aire caían muertos y que nos espantaban grandísimos terremotos. Muy maravillado de semejante fantasía y con mucho espanto se me ocurrió que un amigo veníame a decir: ‘Qué ¿no lo sabes? Tu admirable dama ya ha salido de este mundo…’ Yo imaginaba que miraba el cielo, y me parecía ver multitud de ángeles, los cuales volvían hacia arriba y tenían ante ellos una nubecilla blanquísima… Entonces me parecía que el corazón donde había tanto amor me dijese: ‘Es verdad que muerta yace tu señora’.”
Este sueño, que es el germen de La Comedia, revela un ansia de trascendencia que en Dante es el motor inicial, y que lo lleva a inmiscuirse de tal forma en su obra que será él mismo quien, guiado primero por Virgilio, recorra el Infierno y el Purgatorio y luego, guiado por Beatriz y San Bernardo, el Paraíso. La misma Beatriz que desciende del Cielo al Purgatorio “en una nube de flores” para buscar al poeta (Purgatorio, Canto XXX) y lo llama “Dante”, único momento de la obra en que el autor consigna su propio nombre.

“La gran obra de Dante comienza con una historia de amor de la que él deja amplias referencias en La Vita Nuova y que lo vincula con Beatriz Portinari.”

La donna angelicata

La dama de los trovadores asciende de categoría transformándose con los poetas del Stil Nuovo, en la donna angelicata, la mujer ángel, aquella que viene a transmitir la buena noticia, el milagro de la trinidad aquí en la tierra.
El supremo analogado de esa concepción de la dama es la Virgen María, que aparece como mediadora final de todas las gracias y es por ella que Dante recibe, en el Paraíso, la visión beatífica.
Guido Guinizelli, considerado el renovador de la poesía italiana e iniciador del Dolce Stil Nuovo, del que Dante dice en el Purgatorio “mi padre y el de otros poetas mejores que yo a los que enseñó a componer versos llenos de dulzura y gracia”, fue poeta del amor caballeresco. Guinizelli desarrolló una concepción del amor desprovisto del deseo carnal, espiritualizado. La dama cortés se transforma en un ser superior, parte ángel y parte idea filosófica. La dama angelicata. La dama que, como Beatriz para Dante, ha venido a la tierra a mostrar un milagro. Esta donna angelicata es creación del Dolce Stil Nuovo, una dama angelical, un destello divino que ilumina el alma del amante, escala hacia la misma divinidad.

Infierno, Canto III. Grabado de Gustave Doré.
El Papa simoníaco, acuarela de William Blake.


El amor que la dama inspira no se enseña ni se predica, sólo puede describirse, contemplarse, experimentarse. Ella “se muestra pues gentil a quien la mira, al corazón dan dulzor sus ojos, que no puede entender quien no lo prueba”.
Hay una frase de Guinizelli que será algo así como el manifiesto de la escuela: “en corazón gentil amor anida”, haciendo referencia a la nobleza del corazón enamorado. Se puede decir que este poeta quiso trasladar a la lírica el estilo de los escolásticos, de Santo Tomás de Aquino y también elementos averroístas. El Dolce Stil Nuovo fue un convenio ideal entre poetas, y prosperó en un ambiente cultural selecto que repelía las convenciones burguesas y cuyos motivos son los de la lírica provenzal. Los integrantes de esta escuela proponían, además, la conciliación de dos extremos: por una parte el laicismo que exalta los sentimientos humanos y la pasión, y por otro la religiosidad, la caridad, el amor trascendente que va dirigido a Dios y al prójimo. La amada, por el solo hecho de existir mejora al amado. Es lo que le pasa a Dante ante el saludo de Beatriz.

Otros amores, el amor

Beatriz no es la única mujer a la que Dante hace referencia. De su esposa Gema Donatti, la madre de sus tres hijos, no deja nada escrito, sí nombra a otras: Violeta, Liseta, Pietra, Gentuca, Fioreta y Pargoleta, además de las damas de la pantalla y aquella que lo consoló por el fallecimiento de Beatriz y que, como ella, tenía el semblante pálido “color de amor”. Paralela al entusiasmo por esta mujer crece en Dante la culpa, y en la hora nona, las tres de la tarde, hora en la que había visto a Beatriz en otras oportunidades, ésta se le aparece en una poderosa visión e ilumina el propósito del poema que debe escribir.Va a decir de ella “lo que nunca de nadie se ha dicho”, escribirá La Comedia.

El sueño de Dante (1856), óleo de Dante Gabriel Rossetti.

Dante se encontraba en ese entonces, como señala en el Canto I del Infierno, en la “selva oscura”, ocupado en ciertas disputas poéticas y sonetos insolentes que contenían incluso expresiones groseras. En esta tónica se inscribe el soneto de Cavalcanti a Dante, en el que el amigo lo increpa: “Vengo infinitas veces en el día/ y hallo que piensas muy villanamente; / me duele entonces por tu noble mente / y por tantas virtudes que te quitan”.

“¿Cómo se explica que la devoción del poeta por ella, una mujer casada, no fuera censurada por los hombres de su tiempo, que vieron en La Comedia una gran obra?”


De Beatriz, la donna angelicata, la mujer ángel a la que reviste de todas las perfecciones, Dante no deja ninguna descripción física; esta dama es muy distinta de Mona Vanna, la amada de Cavalcanti, aquella que inspira en su amante los versos “Quién es esta que viene, que todo hombre la mira y hace temblar de claridad el aire”. Muy diferente también de la Dama Pétrea a la que Dante dedica, años después de la muerte de Beatriz, poemas apasionados en los que da la espalda al Dolce Stil Nuovo y expresa ardorosamente el amor que siente por esa dama glacial que, según Imbriani, fue cuñada del poeta y por lo tanto presunta inspiradora de la escena de Paolo y Francesca, de La Comedia (Infierno, Canto V).
Según parece en la vida y la obra de Dante, el tema del amor va por diferentes vías, más terrena y sensual una, más espiritualizada y relacionada con el amor idealizado en Beatriz, la otra. Esto se puede apreciar en una composición en la que Cino da Pistoia le preguntó a Dante si hay que ceder ante una nueva esperanza amorosa; la contestación es teminante: “Yo he estado con Amor desde la hora / en que el sol completó mi hora novena / y sé cómo espolea y cómo frena / y cómo, en su poder, se ríe y llora / Quien por razón o virtud contra él perora / es como aquel que en la tormenta suena /... que si un nuevo placer mi alma secuestra, / lo he de seguir, si a otro placer desbanco”.
Si bien, como es evidente, hubo otras mujeres, Beatriz es la que domina en varios órdenes, ya que no sólo es la mujer angelical que lo impulsa hacia la virtud, a la que “harto miedoso” apenas se atreve a mirar, es también la que más aparece en sus obras y, cuestión fundamental, la que inspira el gran poema alegórico que es La Comedia, la dama llena de virtudes a la que Dante idealiza a tal punto, que es aquella sin la cual el Paraíso no sería perfecto (Vita nuova, XIX).

 

 

La lírica de los trovadores

Los trovadores cantaron a un amor heterosexual, el de un caballero a una dama, aunque también hubo composiciones escritas por mujeres. Inspirado en las relaciones de vasallaje de la época feudal, el amante llama a su dama “su señora”. Es éste un amor aristocrático, aunque pueden acceder a él aquellos que, por la alteza de su amor, sus elevadas miras, la calidad de su fuego, son elevados de casta. El amor cortés es cultivado por ociosos ya que lleva mucho tiempo y dedicación. A las composiciones acompañan los regalos, sinónimo de generosidad, de “largueza”.
Es éste un amor ilegítimo, ya que el caballero le canta a la legítima esposa de otro señor, y podía resultar o no un amor platónico. Entre los maridos los había celosos o los condescendientes, que incluso festejaban al trovador.
El amor cortés es un amor obligatorio, el amado debe responder de manera amorosa. En palabras de Dante “amar…amor perdona”. Es un amor que se enmascara de reflexivo, se ama a la dama porque es incomparable en belleza y virtudes, y tanto la dama como el caballero salen beneficiosos: él se hace famoso como poeta y la dama acrecienta su fama o “parage”.

Los trovadores cantaron
el amor cortés.
Ilustración del s. XIII. Biblioteca El Escorial.

Es éste un amor cruel, las damas pertenecían a sus maridos pero exigían a sus caballeros pruebas extravagantes como muestra de cariño y fidelidad.
Amor furtivo que hacía que muchas señoras estuviesen protegidas por seudónimos, y que se valía de un sinfín de personas, desde mensajeros hasta confidentes o protectores.
Desde el fingidor (como lo fue Dante con Beatriz), que recata su anhelo, y que nunca declara su amor a la dama, pasando por el pregonero que sí lo proclama y por el entendedor que recibe de ella misivas o regalos, al personaje que consuma su amor; ésta es una escala que, años después, sirvió de modelo a los poetas del Dolce Stil Nuovo.


Una Virgen privada, personal



Giovanni Papini /
De su libro Dante vivo.


“Ningún poeta, ni antes ni después de él –de Dante– ha idealizado una mujer hasta ese punto. A ninguno se le ha ocurrido transformar a una mujer amada en predilecta y particular hechura de Dios. Mujeres casi deificadas las hay, y muchas, en la historia del Cristianismo, pero siempre asociadas con herejías. Simón el Mago tenía consigo a la famosa Helena de Tiro, la que personificaba, según él, la gnóstica, emanación directa de Dios, y la fe en El y en Helena era la condición primera para la salvación. Montano llevaba consigo a las profetisas Priscilla y Maximila, ellas también portavoces del Espíritu Santo. El hereje alemán Manasés se acompañó de otra mujer que era, por lo menos según lo pretendía él, otra Virgen María. En los tiempos mismos de Dante, la famosa Guillermina (muerta en 1282) era creída por algunos fanáticos la encarnación del Espíritu Santo, y a ella sucedió, como vicaria, una tal Maifreda. Y el Fray Dolcino recordado por Dante, se había unido a una tal Margarita a la que llamaba hermana espiritual, y a quien ponía por encima de toda otra mujer.”
La visión de Dante (1846),
de Ary Scheffer.